Pero en seguida advertí que mientras de este modo quería pensar que todo era falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese algo. Y notando que esta verdad: yo pienso, luego soy era tan firme y cierta, que no podían quebrantarla ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos, juzgué que podía admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que estaba buscando. (Descartes, "El Discurso del Método)

1/4/11

cogito ergo sum

La afirmación cartesiana “pienso luego existo” es la única certeza que tenemos como seres humanos. ¿Por qué? Por el simple hecho de que al ser nosotros sujetos pensantes podemos cuestionar absolutamente todo lo que nos rodea, incluso hasta nuestra propia existencia en este mundo. Pero al ser nosotros quienes dudamos tenemos una certeza, que quizás puede ser la única que tendremos en nuestras vidas; somos nosotros quienes dudamos, y al estar realizando esa acción estamos SIENDO. Es evidente que aunque yo dude hasta del mundo en que vivo, el que duda y piensa soy yo, estoy constatando que soy y por ende a su vez pongo en evidencia mi existencia.
En pocas palabras la existencia se vuelve una certeza gracias al pensamiento, ya que por medio de este acto intelectual, uno toma conciencia  de la existencia, lo cual es una certeza.

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